AGRIDULCE 2016... MUY FELICES Y AL FINAL DE AÑO, TRISTES

El año 2016 fue, sorpresivamente distinto. Nos mudamos de casa, que es la que actualmente habitamos. A principios del año, y arrastrando los males desde época de navidad del año anterior, mamá Miryan se enfermó de dengue y luego inmediatamente de chikungunya.
Obviamente que suspendimos las merecidas vacaciones, por la postración en cama que ella sufrió, y detrás de ella, tuvimos que aunarnos para recuperarla.

Al principio del año escolar, ella seguía encorvada por lo intensos dolores, de los que pudo restablecerse recién hacia mediados de año. La chikungunya es una enfermedad que la del dengue, es más agresiva, dolorosa y deja mayores secuelas. Pero, gracias a Dios y la intercesión de la Virgen ante Él, ella pudo recuperar su salud y bienestar, por lo que estuvimos todos felices.

Otro progreso, fue el hecho del cambio de ambiente escolar para nuestras niñas, Estefi y Monse, quienes pasaron de la Escuela Roosevelt a la Escuela Carolina Romero, a pocas cuadras de la casa y con un ambiente mucho más familiar, profesional desde el punto de vista docente, y, decente, pues aún existe la práctica efectiva de valores.

Un gran gesto de la vida para mamá Miryan, fue el hecho de que se haya animado a comprar para su primer vehículo: un Toyota Funcargo gris, de su propiedad. Pese a que aún se sigue pagando, ella posee los documentos y es un bien suyo, de su propio esfuerzo y fruto de la honestidad... ¡Felicidades, amor!

En lo laboral, seguimos creciendo: en el caso de papá Oscar, él pudo afianzarse en la delicada y absorvente función que le tocó en la Universidad. Para el año, entre muchas actividades, cursos varios, logros administrativos y demás, logró sacar adelante un Curso de actualización muy interesante y diferente con gran éxito (más de 220 inscriptos participantes), y un Diplomado de Postgrado, grupo base para un Curso de maestría para el año siguiente.

E íbamos avanzando, en consciencia y efectividad, hasta que a principios del mes de diciembre, ya concluyendo el año escolar, tíos Babi y Víctor nos notificaron de una mortal enfermedad terminal que afectaba a la abuela Delia Olivera... el cáncer. Y así, en sus últimas, pudimos acompañarla en la medida de nuestras posibilidades, hasta poco más de la Navidad de 2016, apagando su luz el día 29 de diciembre. Abuela Delia, te amamos y te extrañamos.













































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